Aprovechen hoy que mañana no estoy

Creo que la primera vez que escuché esa frase fue en un mercadillo.

Se ha convertido en mi lema de vida por el que se guía mi día a día. “¿Tú conoces a alguien que haya visto un mañana?” repite sin cesar la gente mayor de mi pueblo, ¡cuánta razón!

Soy lo que se llama comúnmente un “culo inquieto”, nunca paro, ni en mi país: Cataluña, Toledo, Madrid y varios lugares de mi Castilla-la Mancha de cuna me han visto dando el callo. Ni fuera de él, lo que me llevó a pasar una temporada trabajando en Londres.

Mis hobbies son sencillos; pasear con Pongo, mi perro, por el campo y viajar. Disfruto mucho del tiempo que comparto con mi gente.

A mis 20 tantos empezó mi gusto por aprovechar todo lo que los demás optaban por tirar.

Empecé dando una segunda vida a un triste bote de tabaco de liar. Mi madre, apoyo y compañía indispensable en esta locura, me animó a asistir a un curso de restauración de muebles donde mi profesora, Luisa, intentó pulir mis chapuzas y hacer de mi pasión por restaurar, algo serio.

 

El primer mueble que restauré fue una silla. La encontré en un vertedero, preparada para partirla en mil.

Recupero muebles porque me cuesta despegarme de elementos representativos del pasado, incluso de los que no son de mi propiedad.

No concibo dejar atrás algo que en algún momento significó tanto para alguien.

Mi creatividad me lleva a imaginar nuevos proyectos de mil maneras distintas a las que luego doy forma y entonces surge la idea ¿qué te parecería vivir de lo que te gusta, no volver a “trabajar” nunca? Suena bien, ¿verdad? Pues yo he pasado de imaginarlo a hacerlo, he aquí el resultado.

P.D. Y aquí sigo, a mis treinta y poco, en las nubes.

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